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Interpretando la amenaza iraní en América Latina

Imagen de archivo de Nicolás Maduro, junto a una pila de lingotes de oro durante una rueda de prensa en el Palacio de Miraflores en Caracas (REUTERS/Marco Bello) (MARCO BELLO/)

En junio de 2019 fueron enviadas 73 toneladas de oro de Venezuela a Medio Oriente. Según los informes evaluados por el Centro Simon Wiesenthal, es posible que contuvieran lingotes de “Zahngold”, empastes dentales judíos, arrancados de la boca de los cadáveres del Holocausto mientras sus cuerpos eran trasladados desde las cámaras de gas a los crematorios.

El Centro Wiesenthal también estuvo investigando si los lingotes de oro se enviaban desde la Alemania de la posguerra, a través de varios puertos sudamericanos hasta llegar a Argentina, con el fin de apoyar a Odessa, la supuesta red de fugitivos nazis que intentaba “construir un Cuarto Reich”.

Según un artículo del Wall Street Journal de 2019, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, utilizó el oro que se había guardado en Caracas para mantener a su Régimen dada su extrema necesidad de divisas. Según los informes, una escala previa al destino final del oro en Medio Oriente fue la planta African Gold Refinery (AGR- Refinería de Oro Africana) en Entebbe, Uganda, donde tuvo lugar el procesamiento de los lingotes y se perdió el rastro de su origen.

Por otro lado, la Isla Margarita, un paraíso caribeño frente a la costa venezolana, se había convertido se había convertido en un patio árabe de recreo familiar pero también en un refugio seguro para campos de entrenamiento paramilitares.

También se planteó la intención de que Irán vendiera cohetes Fajr a Venezuela -capaces de poner en peligro a la vecina Colombia y al Caribe cercano-, y luego ir aumentando la apuesta con un lote de misiles antiaéreos y de mayor alcance. En última instancia, éstos podrían amenazar el tráfico aéreo de la región y llegar potencialmente hasta Florida. Según los informes, el acuerdo fue a cambio de la provisión de uranio venezolano que Irán necesita para alimentar su programa nuclear.

Bajo los presidentes Chávez y Maduro, crecientes oleadas de migrantes y refugiados huyeron de Venezuela a países vecinos. La comunidad judía local, aunque drásticamente reducida en tamaño, continúa sujeta a acoso antisemita.

También, hace tiempo, se hizo conocida la actividad del entonces vicepresidente venezolano Tarek El Aissami, quien otorgó más de 150 pasaportes de su país a agentes de Hezbollah.

Hace muy poco, Irán firmó un acuerdo con Caracas para proporcionar petróleo refinado -ya que Venezuela, rica en petróleo, tiene una infraestructura disfuncional en lo que refiere a refinería-, seguido con una visita de Maduro a Teherán la semana pasada. El nuevo acuerdo por 20 años incluye cooperación en los campos de la industria energética y petroquímica, el turismo y los intercambios culturales, así como un acuerdo de defensa establecido para eludir las sanciones impuestas por Estados Unidos a ambos países.

Alberto Nisman y Shimon Samuels

De gran relevancia son también los aparentemente anodinos vuelos regulares entre Teherán y Caracas.

El difunto Alberto Nisman, Fiscal argentino en el atentado a la AMIA de julio de 1994, reveló la complicidad de Irán en este asunto. El ataque terrorista cobró la vida de 85 personas e hirió a más de 300. En 2015, Nisman fue encontrado muerto en su departamento pocas horas antes de tener que presentar pruebas contra la entonces presidenta Cristina Kirchner, por ignorar y encubrir la participación de Irán en el atentado. Vemos a Nisman como la víctima número 86.

En una cena en Londres en el 2015, unas semanas antes de su asesinato, Nisman nos mostró pruebas de la red operativa de Teherán en América del Sur, incluidas las células durmientes de la Fuerza Quds de inteligencia extranjera del IRGC-Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, así como las operativas de Hezbollah. Desde entonces, esta red ha aumentado significativamente de tamaño, convirtiéndose en objeto de una mayor atención de los medios y los gobiernos de las Américas.

En 2013, el Gobierno argentino había firmado un memorando con Irán que habría exonerado a seis sospechosos del atentado a la AMIA.

Después que el Centro Simon Wiesenthal se presentó con información, Interpol colocó a los sospechosos iraníes que viajaban al exterior bajo Alertas Rojas internacionales (órdenes de arresto internacionales), para que fueran detenidos y extraditados para ser juzgados en Buenos Aires. Desde entonces, el Proyecto de Investigación sobre Terrorismo ha descubierto vuelos iraníes de “aeroterror” a lo largo de América Latina.

El Ministro de Seguridad de Argentina, Aníbal Fernández, detuvo un avión venezolano y demoró los pasaportes de cinco iraníes de la división de inteligencia del IRGC. Uno era un enlace con Hezbollah, organización ahora sólidamente atrincherada en todo el continente. Otro es familiar del Ministro del Interior iraní, Ahmad Vahidi, quien es una de las personas buscadas por Interpol por el atentado a la AMIA.

El incidente del avión iraní-venezolano no debe ser tratado con liviandad. Los iraníes y sus socios están más activos que nunca contra eventuales objetivos israelíes o judíos, sin distinción.

A medida que nos acercamos al 28° aniversario de la masacre de AMIA, los países de América Latina deberían estar atentos a todo lo que concierne al terrorismo iraní, elevando el nivel de alerta antes que lamentar un nuevo ataque.

Shimon Samuels es director de Relaciones Internacionales. Ariel Gelblung es el director para América Latina del Centro Simon Wiesenthal.

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